La diseñadora madrileña convierte la silla en un objeto experimental y escultórico, con más de dos décadas de investigación y prototipos que desafían las nociones de función y forma.

Londres, septiembre de 2025.– La silla, ese objeto cotidiano y aparentemente resuelto, se ha convertido en el territorio creativo de Sara Leonor. La diseñadora madrileña lleva más de veinte años explorando sus límites formales, funcionales y simbólicos, hasta construir un catálogo de más de mil piezas en el que cada modelo cuenta su propia historia.
Lo que comenzó en los años noventa, durante sus estudios de decoración e interiorismo en IADE, pronto derivó en una práctica experimental y autodidacta. Fascinada por los clásicos de Rietveld —la Red and Blue Chair o la Zig Zag—, Leonor no tardó en recrearlos a escala real para después lanzarse a un camino de búsqueda constante. En 2009 decidió imponerse un reto radical: diseñar una silla al día durante un año. Ese ejercicio sistemático fue el germen de una colección que hoy supera el millar de diseños.
De ese universo, unos 400 modelos han sido materializados en miniatura gracias a la impresión 3D y 35 han cobrado vida en tamaño real mediante colaboraciones con artesanos y fabricantes. En todos ellos subyace la misma inquietud: abrir la geometría, la simetría y la función a nuevas lecturas.

Del reto imposible al icono experimental
Entre sus creaciones más reconocidas está Zeed, una silla versátil que puede usarse al derecho, al revés, de lado o incluso apilarse en torres. Cuando la presentó en Tent London 2010, tras convencer a un carpintero escéptico de que la pieza no se derrumbaría, logró uno de los hitos de la feria construyendo una torre de 16 sillas apiladas.
La Dandelion, por su parte, marcó un antes y un después: una silla plegable impresa en 3D que se transforma en un cubo de apenas 22 centímetros. Con ella ganó un concurso internacional y abrió un campo nuevo en su trayectoria, adoptando la impresión 3D como herramienta de prototipado a escala 1:14.
Otras piezas como GoGo, concebida finalmente en fibra de vidrio para resolver un complejo reto estructural, o HEXA, que permite colgar el respaldo en la pared como obra gráfica, confirman esa voluntad de tensionar los códigos del mobiliario. Incluso ha explorado colecciones temáticas inspiradas en Marilyn Monroe o en superhéroes, y participado en retos como Inktober, siempre con la silla como punto de partida.
“La mayoría de las piezas que diseño no están pensadas para comer o trabajar, sino para ocupar un rincón como elementos icónicos”, resume Leonor, que produce cada silla bajo pedido en colaboración con artesanos locales.

Un taller de geometrías
Hierro, madera, fibra de vidrio, acrílico, impresión 3D o, próximamente, cerámica. Cada material es para Leonor una vía de investigación. Su interés está menos en la ergonomía convencional que en la capacidad de la silla para narrar y sorprender, para convertirse en un objeto escultórico cargado de significados.
Ese espíritu arriesgado fue reconocido en 2021 por la escuela IADE, que le otorgó el Premio Figura Emergente en la categoría de Interiorismo. Una distinción que ponía en valor su condición de creadora incansable, capaz de combinar prototipos hechos a mano con una experimentación técnica poco común.
Hoy, desde su estudio en Islington, Londres, Leonor sigue construyendo este particular atlas de sillas. Cada una es un gesto, una variación, un intento por liberar al asiento de la rutina doméstica y devolverle su potencial como pieza artística. Un universo en el que la geometría, la técnica y la imaginación se sientan a la misma mesa.




