La ceramista valenciana presenta «Juntas», un proyecto nacido de su trabajo con doce mujeres artesanas de La Encantada, en Perú. De aquella experiencia surge una colección de piezas realizadas posteriormente en su estudio de Valencia que utiliza un cordón azul para hablar de autonomía, cuidados y de la experiencia compartida.

«Juntas» comenzó lejos del estudio de Ana Illueca en Valencia. Su origen está en La Encantada, una localidad de Chulucanas, en Perú, donde la ceramista trabajó junto a doce integrantes de AMAM, la Asociación de Mujeres Artesanas hacia el Mundo. El encuentro tuvo lugar en el taller de Melisa Inga, dentro de un territorio con una larga tradición vinculada a la cerámica y en el que Illueca encontró artesanas con un amplio conocimiento del barro, especialmente en los procesos de decoración y bruñido.
Su aportación partió de otro lugar: plantear cómo ese conocimiento podía utilizarse para desarrollar piezas con una identidad propia en un mercado en el que abundan objetos similares que terminan compitiendo fundamentalmente por precio. La propuesta fue mirar alrededor. Las calles, las frutas, el paisaje y los elementos cotidianos podían convertirse en el punto de partida para encontrar nuevos lenguajes formales sin abandonar los conocimientos y técnicas que ya dominaban.
Durante el trabajo apareció, además, una cuestión que iba más allá de las decisiones estéticas. Las mujeres de AMAM sabían decorar y bruñir las piezas, pero no habían aprendido a utilizar el torno. Dependían de hombres para producir las formas que posteriormente ellas terminaban. Una división del trabajo que condicionaba qué podían fabricar, cuándo podían hacerlo y también el coste de cada pieza.
Illueca introdujo el torno durante una de las sesiones. El objetivo no era dominar en unas horas una técnica que requiere tiempo y práctica, sino acercarse a una herramienta que hasta entonces habían asociado al trabajo masculino. Poder producir una vasija desde el principio abría, según explica la ceramista, una posibilidad de mayor libertad creativa y también de autonomía económica.

Del encuentro a una nueva colección
Sin embargo, «Juntas» no reproduce literalmente las formas, los colores o los paisajes que Illueca encontró en Perú. A medida que avanzaba el trabajo, su atención se desplazó hacia las propias mujeres y hacia lo que sucedía mientras trabajaban. Entre el barro aparecían conversaciones sobre la cerámica, pero también sobre la vida cotidiana, los cuidados o el tiempo disponible para desarrollar su oficio.
«Había viajado para compartir lo que sabía. Trabajar con aquellas doce mujeres abrió una nueva dirección en mi propia práctica», explica Illueca. De regreso a Valencia, esa experiencia terminó trasladándose a una serie de recipientes de gres realizados a mano en el torno.
Cada pieza tiene una forma diferente e incorpora unas pequeñas asas cerámicas por las que pasa un cordón azul. Este elemento permite disponer las vasijas en distintas configuraciones, desde parejas hasta grupos más amplios, y se convierte en el recurso visual que da sentido a la colección. Una solución sencilla que traslada al objeto aquello que más interesó a Illueca de su estancia en La Encantada: las relaciones que había observado entre las mujeres con las que trabajó.
Las piezas se producen en el estudio valenciano de la ceramista con gres procedente de un proveedor situado a seis kilómetros y se cuecen a 1.280 grados. El acabado mate, en tonos suaves de verde y rosa, procede de una investigación propia de Illueca sobre esmaltes. Las dimensiones y las composiciones varían en cada conjunto, mientras el cordón azul se mantiene como elemento reconocible de la serie.
El proyecto se desarrolló entre 2025 y 2026 y contó, para hacer posible el encuentro en Perú, con la colaboración de Fundación Mainel, Universidad de Piura, FIAD, Universitat Politècnica de València y el Centro de Artesanía de la Comunitat Valenciana.
«Juntas» es, en ese sentido, también el resultado de un desplazamiento inesperado. Illueca viajó a Perú para compartir herramientas y conocimientos con las artesanas de AMAM, pero regresó a Valencia con una idea que acabaría entrando en su propio trabajo. La colección nace precisamente de ese intercambio y de cómo una experiencia inicialmente planteada para enseñar puede terminar modificando también la práctica de quien enseña.



